PIPO, EL HIPOPOTAMO QUE SOBREVIVIO A UN INCENDIO


A caravana de camiones viajaba por la autovía de Zamora hacia León cuando el trayecto se alteró: la colilla de un cigarrillo arrojada por un conductor cayó al remolque donde era transportado el hipopótamo Pipo y se incendió el interior al arder la paja del suelo. “Tuvimos que sacarle a a la carretera para que no se asfixiara.

Cuando fuimos a buscarle, estaba sumergido en su bañera, sin moverse”, cuenta su domador, el italiano Riccardo de la Torre Álvarez, de 17 años. Ocurrió hace un mes, el 16 de junio. La Guardia Civil tuvo que dirigir el tráfico de la autovía, que se cortó durante una hora, hasta que el animal comprobó que el peligro dentro del tráiler había pasado. “Le daba miedo entrar y tuvimos que hacerlo primero nosotros para que se convenciera de que todo había pasado”. Pipovisita por primera vez Pamplona con el Gran Circo Mundial. Se quedará hasta el domingo.
Es una hembra, tiene 9 años y lleva 8 en el Gran Circo Mundial, con Guilio de la Torre López y su hijo Riccardo. Lo compraron en el zoo de Valencia y pesa 1.300 kilos. “Al principio le costó hacerse a esto porque en el zoo no tenía contacto con la gente, al contrario que aquí”, explica Riccardo.
Y es que a la explanada en la que está acampado tiene acceso cualquiera que pasee por Mendebaldea. Ella lo sabe y se deja ver, saliendo del tráiler donde pasa gran parte del día y donde viaja. Es el motivo por el que el vehículo está adaptado: mide 14 metros de largo, tiene un compartimento con una gran bañera llena de agua hasta una altura de 1,20 metros y otro para la comida (alfalfa, pienso, cebada…). Unas vallas colocadas a un lado del tráiler delimitan su zona de paseo.
Crema protectora
Es mediodía, el calor aprieta en Pamplona y el domador refresca al animal con el agua de una manguera. “Aunque tiene una piel muy gruesa, ésta es muy sensible y debe estar siempre en el agua para que no se le cuartee”. El hipopótamo la protege del sol y del calor con “una especie de crema o aceite de color rojizo que segrega a través de sus poros”.
Pipo pertenece a la tercera raza de animales terrestres más pesados (hasta 3 toneladas) por detrás del rinoceronte blanco y el elefante. Come y bebe a su antojo y cuando quiere. Puede vivir hasta los 40-50 años. Sus cuidadores recuerdan que la etapa de los 6 años fue “la más complicada”. “Suponía pasar de babya adulto y estaba rebelde con todo, igual que los humanos: se escapaba, rompía vallas, corría…”.
Tantos años juntos han hecho que animal y cuidadores se conozcan bien. “Sé cuándo está triste, cuándo le pasa algo… ¿Cómo? No sé explicarlo. Lo he aprendido día a día, observándole”, explica Riccardo. Así supo que se le había roto un diente y que le dolía o que tenía clavado un cristal en la pata derecha trasera. “Arranca a andar con las patas derechas y me fijé que lo hacía con las otras”. Aquélla fue la señal. Ni un gemido. “El único sonido que emite es al anochecer, como si avisara de que ya es su hora de dormir y de que se mete al tráiler”.
Piposabe que sale a la pista a exhibirse. “También que, si lo hace bien, tendrá premio, que es cualquier tipo de fruta, sobre todo dulce. Papaya no, que no le gusta. Pero sí patata asada, que le encanta”.
Colmillos muy cortantes
Abre la boca y deja al descubierto dos hileras de dientes en la lengua y once colmillos. Éstos son muy cortantes. Riccardo lo comprobó hace poco. “Fui a darle unos golpecitos en el morro en señal de aprobación. Pero pensó que iba a darle de comer, abrió la boca, mi palma golpeó un colmillo y me corté”. La mano se le infectó porque los dientes son cobijo de muchas infecciones. “Aunque le cambiamos el agua de la bañera cada dos días, no es limpia porque está estancada y hace allí sus necesidades. Infecciones, todas”. Para limpiarse, le dan trozos de madera, que roe.
También le gusta que le mimen y se deja tocar las orejas. Después de tanto tiempo con ellos, tiene muy poco, “por no decir nada”, de la agresividad característica de esta raza procedente de África, donde se le considera el animal más agresivo del continente. “Es muy dócil. Podría sacarle a pasear por el parque de una ciudad y no pasaría nada”.
El primer viaje que hizo en el tráiler pasó miedo. “Lo rompió todo, pero ahora es como un perrito”. Sus cuidadores no dejan de hablarle, “igual que a una persona”. Lo hacen “en muchos idiomas”. “En alemán, que suena más grave, si algo está mal, y así entiende que me he enfadado”.
A pesar de sus patas cortas y gruesas, son animales que pueden ganar en velocidad al hombre. Se les ha cronometrado a 30 km/h. “Sí que corre, sí. Parece tranquilo, pero ¡a veces corre demasiado!”.
Pipoha recorrido casi toda España con el Circo. “Se pone como loco cuando escucha la música que indica que va a empezar el espectáculo”. Pero mientras no llega su turno, permanece junto al tráiler, que mantiene ennegrecida la parte que se vio afectada por las llamas hace un mes.
DIARIO DE NAVARRA, 16 de Julio del 2010

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