UN CIRCO QUE DERROCHA ALEGRIA

Había una vez un circo que alegraba el corazón de los más pequeños de la casa, un circo en el que los payasos salían por la tele, un circo con el que padres e hijos podían cantar a coro sus canciones, y un circo que amenizaba las sobremesas en televisores que estaban cambiando del blanco y negro al color. Hace casi treinta años de aquello, pero la magia, la diversión y la alegría de los payasos de la tele aún continúa girando por toda España. Desde el pasado día 13 y hasta el próximo lunes, el Circo Alegría estará en el recinto del centro comercial Garbera con su espectáculo ‘Había una vez’. En él, los hijos de uno de los payasos más televisivos, Gaby, harán que los mayores canten y rían al recordar canciones como ‘Susanita tiene un ratón’ o ‘Cómo me pica la nariz’ y que los pequeños se diviertan al escucharlas por primera vez.
Para Lara Aragón, «el público no cambia, sigue acudiendo al circo con la misma ilusión»

«Seguimos poniendo en práctica todo lo que nos enseñaron nuestro padre y nuestros tíos» .Había una vez un circo que alegraba el corazón de los más pequeños de la casa, un circo en el que los payasos salían por la tele, un circo con el que padres e hijos podían cantar a coro sus canciones, y un circo que amenizaba las sobremesas en televisores que estaban cambiando del blanco y negro al color. Hace casi treinta años de aquello, pero la magia, la diversión y la alegría de los payasos de la tele aún continúa girando por toda España. Desde el pasado día 13 y hasta el próximo lunes, el Circo Alegría estará en el recinto del centro comercial Garbera con su espectáculo ‘Había una vez’. En él, los hijos de uno de los payasos más televisivos, Gaby, harán que los mayores canten y rían al recordar canciones como ‘Susanita tiene un ratón’ o ‘Cómo me pica la nariz’ y que los pequeños se diviertan al escucharlas por primera vez.

Lara y Gaby Aragón han crecido en el circo, y desde hace tres meses viajan con los italianos Diki y Angelo, los directores artísticos del Circo Alegría, en el que fusionan lo tradicional con los personajes más actuales. «Ahora se ha mediatizado un poco el espectáculo del circo, trayendo a personajes como Bob Esponja o Spiderman. Son un gran reclamo para los niños, porque actualmente son los que están de moda», comenta Lara.

Esta combinación se hace para que todos los que acuden a ver el espectáculo salgan contentos, aunque «los padres nos dicen que disfrutan ellos más que los hijos. Es muy diferente ver un espectáculo con tu hijo porque a él le guste, que verlo y que también te guste a ti, porque así disfrutáis los dos», comenta. La respuesta que reciben de los espectadores en general es muy buena y para los que trabajan en el circo, el público sigue siendo igual que hace treinta años «ni ha cambiado el padre que viene con la ilusión de volver a ser niño, ni tampoco ha cambiado el hijo que vienen con la ilusión de encontrar un espectáculo bonito», asegura Lara.

Una vida en el circo

Aunque ya ha pasado mucho tiempo desde que su padre le enseñara todo lo que sabe sobre el circo, Lara Aragón todavía lo recuerda como si fuera ayer. «Todo lo que nos enseñaron lo seguimos poniendo en práctica, sobre todo el respeto que nos dijeron que teníamos que tenerle al público. A no engañarles, a hacerles reír de una manera sana, con chistes que pueda entender desde la abuela hasta el nieto y sin tenernos que reír de los defectos de las personas».
 
A sus 39 años Lara ha visto cambiar el circo que para ella «ha evolucionado como el resto de las artes». El sonido y la música han aportado mucho a su forma de contar historias, aunque también han querido conservar y rescatar la esencia antigua con números que hacía tiempo que no se hacían. «Hay que quedarse con lo bueno de lo antiguo y ser suficientemente inteligente para innovar y poner modernidad en lo que hacemos», asegura. Lara tiene claro que lo único que ha cambiado en el mundo del circo son las comodidades, «sobre todo para poder lavar la ropa o darte una ducha. Antes no tenías dónde vivir, ibas de pensión en pensión y ahora vives en grandes caravanas, tan grandes como una casa, y si antes no te podías ni duchar, ahora algunas tienen hasta jacuzzi». Sus ganas de divertirse, hacer reír a la gente y el ambiente familiar siguen siendo las mismas. «Somos como una gran familia, incluso en Navidad cada caravana prepara un plato típico de su país y hacemos una gran cena en la carpa. Esto es una tradición que no ha cambiado, porque yo lo he vivido de pequeña y es algo que mi hijo menor va a vivir este año por primera vez».

Lara no ve el lado positivo ni el negativo de trabajar en un circo, para ella «no hay peores ni mejores, pero quizá lo mejor es hacer amigos en los lugares a los que vas. Nosotros todavía conservamos algunos en diferentes ciudades de cuando éramos pequeños ». Lo que si se le hace pesado a Lara son los viajes, pero también intenta buscarle el lado bueno. «Tienen un punto divertido porque puedes desayunar en Alicante, comer en Madrid y cenar en Zarautz como nos pasó a nosotros la semana pasada, es algo que si no trabajáramos en el circo no lo haríamos». Actuar como payaso le gusta y asegura que el circo tiene mucho futuro, porque los que vienen por detrás ya están innovando para hacer que lo tradicional siga mezclándose con espectáculos nuevos.
 
La directora artística del Circo Alegría, Diki Faggioni, nació rodeada de animales, malabaristas y magos y desde hace tres meses gestiona el equipo de su nuevo espectáculo ‘Había una vez’. Un grupo de gente muy joven con procedencia de diferentes países y galardonada con varios premios, que acompaña al plato fuerte del espectáculo, los hijos de Gaby Aragón. Viajan por toda Europa introduciendo en sus espectáculos algo característico de cada país. Este año están de gira por España y su gran carpa con capacidad para más de mil personas deja claro que es un circo que mueve a mucha gente. «Entre todos seremos unas 140 personas contando a los chóferes, trabajadores, costureros, cocineros, artistas. Además cada uno lleva consigo su familia, gente que no actúa pero que si que viene con nosotros», asegura Diki.

Por dentro del recinto, las instalaciones son como un pequeño pueblo, cada uno con su caravana de diferentes dimensiones, incluso tienen una escuela «Cuando yo era pequeña tenía que quedarme con la familia de mi padre. Ahora nuestros hijos pueden compaginar los estudios con el circo». Casas, escuelas, zonas de descanso, en definitiva una mini ciudad que como dice Diki «encandila a todo el que pasa a formar parte de este mundo. Yo soy ya la quinta generación del circo, pero a los que vienen de fuera termina gustándole esto casi más que a nosotros. Además es más fácil que los que vienen se adapten mejor a la vida de dentro, que adaptarnos nosotros a la de fuera».
 
Para Diki el circo no es un espectáculo que tenga competencia con las nuevas formas de entretenimiento, porque sigue siendo «en directo, viendo como las personas actúan insitu, no a través de una pantalla». Lo principal, como dice esta directora artística es no engañar a la gente, «algunos anuncian cosas que luego realmente no presentan, nosotros si podemos ofrecemos más de lo que anunciamos, para que el público quede satisfecho». Una forma muy legal de asegurar el futuro del circo, aunque para ella no tenga fin porque como dice, «mientras siga habiendo niños en el mundo, el circo seguirá viviendo».
 
EL DIARIO VASCO, 17 de agosto del 2010.

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