LA VIDA DE LOS PAPADOPAULO EN EL CIRCO MUNDIAL

Salvi, Marisa y su hija Madison apuran el desayuno en la roulotte. Es curiosa la estampa; en esta familia es Salvi, el padre, el que se relame con un tazón de cola-cao, mientras la pequeña unta sus galletas en café con leche. “Descafeinado”, especifica la pequeña, con una sonrisa traviesa. El tiempo apremia y en breve tienen que empezar a prepararse para la actuación; los niños del hospital de Basurto les esperan. Ahora, a primera hora de la mañana, son sólo una familia compartiendo el desayuno, pero bajo la carpa, cuando las luces se apagan, Salvi y Marisa se convierten en los Tonitos, los fabulosos trapecistas del Circo Mundial.

Marisa se maquilla frente a un gran espejo. Base, mucho lápiz de ojos, vistosas sombras rosas… Toda una obra de arte que ejecuta con una destreza asombrosa. “Son ya muchos años de práctica”, afirma, sonriente, sin dejar de ponerse colorete. A su lado, su marido Salvi termina de vestirse. “Estamos acostumbrados a hacerlo rápido, porque tenemos poco tiempo entre número y número”, explica. Para el desfile inicial visten pantalón negro y chaqueta dorada, pero en el número de los piratas, en el trampolín y la cama elástica, el vestuario se complica: suspensorio, tobilleras, dos pares de botas, una mala, el pañuelo… Y en tres números ya tienen que estar preparados para el trapecio.

Para las once de la mañana están listos y se ponen en marcha, junto a parte de la troupe circense, a su cita con los niños del hospital de Basurto, una de las actuaciones más bonitas de su calendario en Bilbao. Los hermanos Jorge, Enri, Salvi, Ángel, Ane y Aurori son la sexta generación de una familia siempre ligada al circo; trapecistas, domadores, equilibristas… “Es nuestra vida, siempre hemos vivido aquí. Es más, cuando paramos y volvemos a Valencia, donde tenemos nuestra casa, ni siquiera dormimos en ella; ponemos las roulottes en la parcela”, explica Salvi de vuelta al parque de Etxeberria. Su madre ha preparado ya la comida: sopa, tortilla, tomates fritos… Comen en dos turnos. “Nos llegamos a juntar 14, así que todos a la vez no entramos en la mesa”, explica Jorge Papadopaulo -de padre griego y madre malagueña-, patriarca de esta extensa familia. Los primeros en sentarse son los pequeños: Kevin, Thalía, Madison… Con sólo ocho años, Thalía es ya la pequeña pirata del número de cama elástica y trampolín en el que también participan su padre y sus tíos. Cuenta su abuelo que se puso frente al público por primera vez con 3 años, vestida con un frac blanco y soltando una paloma.
Después de comer reposan un rato. Nada de siesta, dicen, que luego cuesta más activarse para la función. Salvi ve un rato la tele, la pequeña Madison corretea con sus primos… Cuenta, orgullosa, que ayer estuvo en las barracas. Montó en el Mr. Bean, una de sus atracciones favoritas. “Es como una casa, entras y hay cosas dentro. Y un tobogán”, explica. Después de la última función, cuenta su padre Salvi, quedaron con unos viejos amigos, “también compañeros de circo”, que están con su compañía en Cantabria. “Hacía dos años que no les veíamos y vinieron a hacernos una visita. Así que cuando terminamos salimos con ellos a dar un paseo por la feria y a cenar”, explica. “Eso te pasa mucho; de repente te encuentras con amigos que hace años que no veías o vas tú a visitarles”, apunta. Aunque sí les gusta pasear por la ciudad e ir al cine, admiten que las dos y tres funciones diarias les dejan poco tiempo para salir por la noche; es más, es precisamente a esa hora, cuando terminan las números, cuando ensayan. “Por el día, además de que hace mucho calor en la carpa, suelen ensayar los animales. Y encima por la noche, después de la función, estás ya en caliente y se trabaja mejor”, explica Ángel. Después hay que cenar, así que casi nunca se acuestan antes de la una. Y eso cuando no tienen que desmontar para viajar a otra plaza y montar horas antes del debut; son días en los prácticamente no duermen. Pero no se quejan y aseguran que no cambiarían su vida por ningún otro trabajo. “Si incluso cuando paramos nos ponemos a ensayar en la terraza de casa…”, se ríe Salvi. Y los espectadores lo agradecen. El mayor espectáculo del mundo debe continuar. La familia Papadopaulo ya se prepara para la siguiente función; el público espera a los Tonitos.

DEIA, 26 de agosto del 2010.

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